¿Es malo prohibir la entrada a bebés a salas de cine?

Hace no mucho tiempo, una de las dos grandes empresas de distribución cinematográfica en México decidió prohibir la entrada de bebes a sus salas de cine, lo que provocó un gran revuelo en toda la sociedad mexicana. En redes sociales, una gran cantidad de usuarios comenzaron a tachar de discriminación el comunicado que Cinépolis había dado a conocer sobre su nueva política, le recriminaron la decisión y hasta insultos le llovieron a la compañía. Otros, que conocían la verdadera razón de esta decisión los apoyaron y trataron de defenderla, pero el enojo era tal que no podían calmar los ánimos de algunas personas.

La razón por la cual esta cadena de cines decidió vetar la entrada de bebés y niños pequeños a sus salas no es por discriminación, no es para evitar que haya exceso de ruido mientras se proyecta el largometraje. Los que pensaron que estas eran las razones están muy equivocados, ninguna empresa se atrevería a impedir que niños entren a sus salas si no fuera por una razón más fuerte y de mayor importancia para su bienestar. El motivo de la prohibición fue para evitar que los más pequeños sufrieran algún tipo de daño auditivo o visual, pues apenas están en proceso de desarrollo y los altos niveles de brillo en las pantallas podrían dañar sus ojos, así como los fuertes sonidos que se escuchan a través de las bocinas podrían provocarles sordera.

Yo sé que parecía una medida discriminatoria, pero esto nos lo hemos ganado a pulso, ya que muy pocas son las personas que saben cómo cuidar a sus hijos a la hora de llevarlos a conciertos, eventos con sonidos estridentes o al mismo cine. Recuerdo que alguna vez un médico enfatizó en que los bebés pueden asistir a casi todos los lugares, sólo que si es un evento donde habrá sonidos muy fuertes deben utilizar una especie de tapones en los oídos para evitar cualquier daño o una situación peor, como podría ser la sordera permanente. Por eso los mismos cines han decidido tener sus propias funciones para madres o padres e hijos. Donde el sonido es moderado, así como el brillo de la pantalla y pueden estar más tranquilos a la hora de disfrutar de la película.

Aunque he de reconocer que esta medida también favorece al resto de las personas que asisten con regularidad al cine, ya que no habrá más llantos, gritos o lluvia de palomitas. Aunque rara vez me llegó a tocar que un bebé estuviera en la sala, las veces que coincidí con uno fue un terrible martirio, sobre todo porque me tocaron muy cerca de mi asiento. Alguna de estas veces los niños lloraban como si tuvieran un megáfono en la boca, otros, con padres que no les ponían la suficiente atención, se escapaban y paseaban entre las butacas para cine, lo que es muy peligroso, ya sea por lo microbios que podrían adquirir o porque alguien podría robárselo, qué sé yo. Así que no piensen que fue por discriminación, todo fue por salvaguardar la integridad de los más pequeños del hogar.

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