Prometimos estar en las buenas y en las malas

Así como cuando prometemos estar en la salud y en la enfermedad cuando nos casamos, para mí debe ser lo mismo cuando decides formalizar una relación con alguien, pues no sólo es estar por estar, sino que ya piensas que podrías estar con él o ella por el resto de tu vida. La vida siempre te pondrá obstáculos, pero sólo es la forma de preguntarte cuánto realmente deseas lo que quieres. Así ha sido la relación con mi pareja, muy feliz pero cargada de pruebas que nos ha puesto el destino y que con gran fuerza de voluntad por parte de ambos hemos podido superar. Hoy puedo decir que estaré con ella hasta que la muerte nos separe, aún sin estar casados.

Conocí a Verónica en la Universidad, cursaba el sexto semestre de la Universidad cuando la conocí en una clase donde juntaban a alumnos de tres distintas carreras. Desde que la vi llamó mi atención, pero cuando la escuchaba hablar sobre temas que le apasionaban, como el cine, la radio, los podcasts y los libros, sus ojos brillaban e iluminaban mi día. No tenía otra opción más que hablarle y comenzar a acercarme. Después de tres meses de platicar en el salón de clases o en los pasillos de la escuela, me animé a invitarla a salir. Ella aceptó. Después de un mes de citas, yo no le había pedido que fuera mi novia, algo que se le hacía raro a ella y me preguntó si realmente quería algo con ella. Le dije que en el momento que me sienta seguro de que quiero darlo todo con ella, le haré la pregunta, pues no quería que fuera una más del montón. Cuando estaba a punto de terminar el semestre, le pedí que fuera mi novia y dijo que sí.

Nuestra relación iba maravillosamente hasta que las enfermedades comenzaron a aquejarla, comenzó con migrañas, yo iba a su casa para estar con ella, abrazarla y apapacharla; la acompañaba al médico, le pasaba las tareas, la ayudaba a estudiar y le llevaba algún regalito para animarla. Los doctores no lograban dar con el diagnóstico acertado. Nuestras citas comenzaron a bajar, ya casi no salíamos más que al doctor o a su jardín. Incluso mis amigos me decían que la dejara, que me estaba perdiendo de salir con alguien más. Pero yo no quería, iba a estar con ella, pues la amo demasiado y debemos estar en las buenas y en las malas.

Un día me llamó de emergencia, llorando. Yo estaba en clase. Respondí y me contó que estaba a punto de ir a que le realizaran una resonancia magnética y que estaba aterrada, ya que le habían dicho que era para verificar que no haya algún tumor. Palidecí, creí que me había paralizado, pero cuando me di cuenta ya estaba saliendo de la escuela. La resonancia demostró que tenía un pequeño tumor alojado en el cerebro y debían operarla. Me dijo que era de alto riesgo y que si quería terminar la relación, podía hacerlo, pues merecía estar con alguien sana. “En las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe”, fue lo único que le dije antes de entrar al quirófano y la besé. Fue como nuestra boda exprés. Gracias a Dios la operación salió bien, era un tumor benigno, sólo perdió motricidad en su lado izquierdo del cuerpo, pero los médicos confían en que la recuperará en un 90 o 100 por ciento con la terapia.

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